Hoteles

Villa privada con jacuzzi dentro del Océano Índico

Velassaru, una pequeña isla de Maldivas, acoge un hotel cuyas piscinas se funden con el océano.

Hablar de un hotel de lujo levantado en una microisla perdida de algún archipiélago tropical con cabañas de suelo de cristal sobre el océano de turno no es una novedad. No deja de ser un destino más que apetecible, aunque no sepamos de qué país, de qué isla o de qué cadena hotelera se trate, porque este tipo de establecimientos siempre están pensados para la mayor de las indulgencias.

Pero eso no quiere decir que ya lo hayamos visto todo en lo que a este tipo de resorts de gran lujo se refiere. Prueba de ello lo encontramos en la pequeña isla de Velassaru, en Maldivas, donde se levanta el Resort Velassaru, toda una proeza de la arquitectura acuática al ir más allá a la hora de integrar las cabañas en el Índico. Y es que a sus mejores habitaciones se las conoce como 'las villas del agua'. Y el nombre nunca estuvo mejor puesto, porque parece que estamos durmiendo directamente sobre el mar.

Basta con asomarse al exterior y echar un vistazo al jacuzzi. Nada de un pequeño cuadrado o círculo cerrado sobre la tarima de la terraza. Aquí lo de arquitectura infinita se lleva al límite, creando un gran rectángulo que hace las veces de delimitador de la piscina un tanto abstracto, ya que directamente está sobre el mar, por lo que los turquesas de difuminan y no siempre se sabe cuándo estás 'en el cuarto' y cuándo en océano abierto. Menos mal que los chorros burbujeantes son una pista que no falla...

No solo por los jacuzzis integrados en el mar merece la pena acercarse al Velassaru y pagar los más de 1.000 € que cuesta la noche en las mejores villas del resort. Aquí el lujo se entiende de forma holística, en cada rincón, de ahí que las villas tengan camas gigantes, todo tipo de comodidades, con una decoración sencilla y funcional de corte polinésico, y que no falten actividades en su playa de arena fina, qeu bordea una isla de pocas hectáreas, con su interior cuajado de palmeras.

Con media docena de pequeños restaurantes y un completo spa que ofrece, además, clases de yoga, no habrá forma de que nos queramos ir de este paraíso.