Classical

Ópera y mitología

No debe extrañar que las primeras óperas procedieran de argumentos extraídos de la mitología clásica.

Durante el Renacimiento, el poder religioso pasó a la sombra del creciente poder de los príncipes y al crecimiento de la burguesía urbana, el mundo intelectual afirmó su confianza en el ser humano y se rescató la tradición clásica, la de griegos y romanos, antes condenada por idólatra y pagana. La influencia del humanismo en la música, tal y como ocurría en el resto de las artes, se manifestó en la ruptura del monopolio de la Iglesia en la producción de música culta, y en la adopción de los ideales de sencillez, claridad y racionalidad de la antigüedad.

En la Italia de aquellos tiempos, uno de los factores que más contribuyó al conocimiento y divulgación de la literatura y la historia de la Antigüedad fueron las fiestas de corte en las que se representaban fábulas y divertimentos musicados de carácter mitológicos que desembocaron en la creación de la ópera. Género que, a lo largo de su desarrollo, se sirve de unos libretos abastecidos en su mayoría de argumentos extraídos de la mitología clásica.

No debe ser casualidad que la primera composición dramática musicalizada que se considera una ópera fuera La favola d’Orfeo, compuesta por Claudio Monteverdi sobre libreto de Alessandro Striggio hijo, estrenada en 1607 en la Academia degli Invaghiti de Mantua, en honor de Orfeo, el cantor divino que con su voz, acompañada de los sones de su lira, apaciguaba a las bestias, hacia mover las piedras y desplazarse a los árboles.

A Orfeo le siguieron toda suerte de personajes mitológicos como protagonistas. Era inconcebible que una ópera seria se ocupara de las penas y alegrías de cualquier mortal. Sólo los dioses y los héroes merecían ocupar un lugar sobre el escenario.