The Sunday Tale

Be water

Érase una vez la historia de una mujer que descubrió que la vida era sólo cuestión de hacerse agua y fluir... Be water, my friend.

La cabeza le dio tres vueltas de campana (o tal vez cuatro, no estaba segura de haberlas contado bien) cuando se dio cuenta de que había vuelto a hacerse roca de sal y amenazaba marejada; el batir de las olas era cada vez más fuerte y llegaba a doler cada vez que le arrancaba algunas arenillas de sal... sabía que podía llegar a romperla pero sabía también cual era el camino... Be water, my friend. Claro que no era fácil dejar su promontorio en la costa, el refugio en el que se había erguido con tanto esfuerzo para volver a deshacerse en la inmensidad del mar con una única esperanza, la de poder levantarse de nuevo en alguna playa cuando hubiesen pasado las mareas fuertes.

Y es que la vida era más sencilla, aunque también más incierta, cuando eres agua y fluyes, no importaba que haya olas grandes en el mar o rápidos en los ríos, remontas las olas, sorteas los rápidos y sus rocas, envuelves cada piedra, llegas incluso a pulirla y continuas fluyendo rumbo a ninguna parte, sólo a donde las mareas o el curso del río quieran llevarte.

Había a quien lo incierto le aterraba pero no a ella, tal vez porque a ella le aterraba mucho más lo cierto, lo que sabía, prefería navegar incertidumbres antes que dejarse abatir sobre la arena por las certezas que había descubierto con dolor y a modo de errores a lo largo y ancho de su vida. De algo tenía que servir lo aprendido y si al usarlo se convertía de nuevo en estatua de sal recordaría la importancia del buen fluir, Be water, my friend.

Nacemos solos, vivimos solos, morimos solos. Únicamente a través del amor y la amistad podemos crear la ilusión momentánea de que no estamos solos.

Eso decía Orson Welles y a ella no le sonaba aterrador ni lo leía como un alegato pesimista, todo lo contrario, sonaba en sus oídos como un alegato libertario en defensa de la independencia de las personas, de la individualidad de cada ser humano, de nuestro valor como seres únicos; le sonaba en realidad como un grito, como un aviso a navegantes, como el permiso concedido para entender que vida sólo hay una y que si la dejas fluir entre tus manos, si la confundes entre etiquetas que ensalzan lo colectivo sobre lo individual o si la sometes al dictado de las decisiones de otros, la pierdes.

La cabeza seguía dándole vueltas de campana, eran tantas que había dejado de contarlas... y con cada vuelta una idea, una certeza, una duda, otra idea... nadie tiene derecho a exigirte que entregues tu vida por su causa (y no importa cuán noble sea la causa), sólo tú tienes el derecho y la obligación de no faltar al único deber exigible a todo ser humano: ser feliz (aunque cueste, aunque moleste, aunque se malinterprete y se juzgue severamente, aunque haya quien intente hacerte sentir culpable por ello... incluso aunque duela porque lo cierto es que si no eres capaz de ser feliz, tampoco podrás hacer feliz a nadie, a lo sumo hacerle la vida más fácil a alguien dejando que la tuya fluya entre tus dedos y quien sabe (tú lo sabes...) si por el camino amargando otras vidas).

Be water, my friend... Fluye, antes de que te fluya la vida entre los dedos de las manos, antes de que la vida te venza y llegues no a las puertas del cielo ni a las del infierno sino a tu particular muro de las lamentaciones.