Jo Nesbø. Imagen: Thron Ullberg. Copyright: © Thron Ullberg
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Jo Nesbø, Oslo y Harry Hole

Jo Nesbø cumplió 60 años el pasado 29 de marzo. En plena cuarentena, repasar toda su trayectoria literaria es, más que una obligación, un inmenso placer.

Jo Nesbø es un señor interesante, maduro, guapetón, atlético e inquieto, cuya infancia transcurrió serena y helada en las calles de la capital noruega, donde nació hace poco más de 60 años. Los libros formaban parte de su vida cotidiana como un utensilio más: su madre era bibliotecaria y su padre un avezado lector que disfrutaba narrándole historias. El pequeño Nesbø trasteaba habitualmente en la sala de lectura familiar e inventaba desde chiquito terribles relatos de fantasmas y sangre.

Sin embargo, su trayectoria literaria profesional comenzó tiempo después de graduarse en Economía y Administración de Empresas en la universidad de Bergen y algunos años de experiencia como periodista freelance y corredor de bolsa. Por aquel entonces, el mundo del arte y la fama no le era ajeno. Allá por el 92 daba sus primeros pasos como cantante del grupo de rock Di Derre y, antes, casi adolescente, también jugó al fútbol con el Molde Fotballklubb (equipo de la primera liga noruega). Cuando una grave lesión en la rodilla le obligó a colgar las botas, su sueño como jugador profesional se fue al garete. Un mazazo que hizo tambalear sus expectativas y del que se recuperó alistándose en el ejército.

Tal vez por ello, pese a la fama y el éxito de su conjunto musical, Nesbø mantuvo su trabajo habitual compaginándolo con su actividad como compositor y estrella del pop. Agotador. En Australia, durante unas vacaciones imprescindibles para recuperar fuerzas, comenzó a escribir sin más pretensión que el placer. Así, de la manera más inesperada, nació Harry Hole, el policía corpulento e insubordinado que le iba a llevar a la cumbre del noir escandinavo. Era el otoño de 1997.

Cuchillo, la entrega número doce de Harry Hole (¿la última de la saga?), se presentó por el propio autor en la última edición de Getafe Negro el pasado mes de octubre. La obra, muy diferente y bastante más salvaje que el resto de la serie, gira en torno a la venganza y parece ser un resumen de la vida del protagonista. En las primeras entregas, Harry parecía que se situaba detrás de la cámara, luego se puso delante del foco de ella y ahora asume el protagonismo total. Él es el eje central de la novela, el protagonista absoluto, explicaba el escritor ante la prensa que cubría el festival.

Aún no he leído Cuchillo, pero dicen los que sí que, aunque al igual que el resto de la serie se lee de forma independiente, es conveniente haberse trillado las previas. Así que volvamos al principio.

¿Quién es Harry Hole?

Hole es un tipo peculiar, un antihéroe de manual, de carácter imposible y dimensiones colosales. No es sólo inmenso su físico típicamente nórdico —metro noventa y cinco, ojos azules y pelo rubio cortado a cepillo—, también lo es su melancolía, sus silencios y su alto estándar moral.

Cuando Harry Hole nace en el 97, ya tiene 30 años. Aunque viaja a menudo, su centro de operaciones y de vida se ubica en Oslo. En su apartamento de soltero situado en el barrio de Oppsal reina la armonía y el orden, pero apenas lo pisa. Él es más de garitos decadentes de paredes ahumadas, como el Schrøder, desde donde observar junto a la ventana los cielos tensos de la ciudad y luchar contra la tentación de un copazo de Jim Beam o medio litro de cerveza fría. Porque el alcohol es el talón de Aquiles del detective más competente (y el peor funcionario) de la policía de Oslo.

En efecto, Harry sólo reconoce la autoridad de su instinto y esa tendencia suya a bailar sobre el alambre que separa lo lícito de lo inapropiado le depara casi tantos problemas como la bebida. Como un lobo solitario, el detective recorre las calles de la capital (trasfondo de la mayor parte de las novelas de Nesbø) repartiendo justicia a su manera y empleando en ocasiones métodos muy poco ortodoxos.

Oslo es importante porque es la ciudad natal de Harry y también la del autor, quien conoce a la perfección todos sus recovecos. Pese a la fijación por los blanquecinos paisajes urbanos, la relación con la naturaleza salvaje y rural de muchos de sus personajes muestra el respeto por la misma y el frágil equilibrio entre el incómodo “exotismo” del campo y el bienestar de las ciudades que parece brotar de entre el asfalto de manera espontánea.

Además de por tormentas, nevadas y el aullido constante del viento escandinavo, las páginas de Jo Nesbø están impregnadas de ingredientes relacionados con la reciente historia noruega —la participación del país en la Segunda Guerra Mundial es uno de los capítulos recurrentes en sus novelas—, el racismo y la xenofobia, la redención y la venganza, la violencia, la corrupción política, las relaciones de pareja casi siempre complicadas e intensas dosis de suspense y brincos temporales abruptos.

Me maravilla especialmente esto último: su maestría para sortear los saltos en el tiempo que logra con la habilidad de un esquiador experto en eslalon. No se detiene en descripciones engorrosas ni frases interminables. La prosa de Nesbø es directa, impecable, puntiaguda como una lanza. Podría parecer que esta escritura tan depurada no deja mucho espacio a la imaginación. Nada más lejos de la realidad.

Entre El murciélago, la primera novela de la serie Hole, y Cuchillo han transcurrido más de dos décadas, doce novelas e infinitas traducciones a diversos idiomas. Durante este período hemos crecido, vivido y madurado junto a uno de los detectives míticos de la novela policial contemporánea. Es extraordinaria la credibilidad humana con la que evoluciona el personaje, tanto en sus relaciones personales como profesionales, su comprensión de la maldad y del amor, sus tropiezos, sus recaídas alcohólicas, sus remontadas...

Mientras esperamos la conclusión (o no) de la saga Harry Hole, Roja y Negra anuncia la ya cercana publicación de la próxima novela del noruego. En Sangre en la nieve, que llegará a las librerías españolas el próximo 28 de mayo, conoceremos a un personaje muy diferente, Olav, un mercenario a sueldo de uno de  los capos de la droga de Oslo, Daniel Hoffmann.